El libro manso. El libro de la caducidad atornillada al plano visible de lo obvio de lo más obvio de lo más más obvio. El libro recostado en sus condecoraciones. Eufemismo del mal viaje. Sinuoso & turbulento. Dime si soy cruel o amable cuando no te digo lo que pienso. Las vísceras de los nativos. Bichos tétricamente desmesurados. Aquí comió Perico Ligero. La derrota de una ciudad industrial agazapada en sus vértebras mostrencas. Mentir en lugar de hacerte daño. La bancarrota de la singularidad. El bambú es un ente inmortal. Encontrar como tema un villano. Esconderme. Cantado para nadie. Sobrevuelan nuestras cabezas torres de alta tensión que cruzan la ciudad como el bosquejo de un robot inacabado. Idas y vueltas imperativas fuera del sentido. Estaba leyendo la escritura de esa trepadora que no es hiedra ni parra ni madreselva en las ventanas. Un punto de inspiración. Por el tamaño se podría inferir qué se lee primero. No hay posible discusión entre carpincho y capibara. El libro manso está astillado en su nariz chata. Hablaba de un libro que no existe. Hablaba de un libro como de un capibara. Esas notas en mi remington celeste que corría y masticaba algunas bond. Di algo científico. En El Precio de la Historia un tipo vendió un meteorito de Campo del Cielo por 50 centavos de dolar el gramo. Una mala traducción. Deceso. Las huellas del narrador quedan adheridas a la narración como las del alfarero a la superficie de su vasija de barro. Bardos reclutados a lo ancho de la geografía de todo el continente nuevo. Fue colateral arruinar la fiesta al circuito cultural al pesado deber ser del artista como ente municipal distintivamente colorido con la advertencia decorativa de los alebrijes. Lo peor que le puede pasar a un poeta es institucionalizarse, demagogizarse, lacayizarse, paniquearse. Barrer ínsulas de miel. Cuchicheos de chinos. Copias de seguridad. Arte Pastoral. Arcadias. Cantado para nadie. Llevar una vida sana y regular. Evitar cualquier imprudencia. Vino Juan Salvador Gaviota a volver te su all star. Tiempos de aislamiento. Muestras gratis. La clave de lo que no se atreve a pronunciar su nombre. Ser el alma de las Editoriales Importantes. Luego de burócratas encumbrados con buenas intenciones. Luego de resignarse a la pureza del Centralismo y sus apóstoles que solo al llamado de los cambios al Sistema Nacional de Creadores de Arte vi conmoverse y confrontar al Sistema para que no muriera el Sistema. Luego de publicarse mamotretos finísimos de orquídeas fotogénicas a la sombra de El Señor Desnudo, con prólogo de algún gobernador jubilado. Luego de ser digeridos en bufés bodegueros por ratitas empachadas de celulosa y couchés extra brillantes. Luego de las eternas bibliotecas para corazones solitarios. Luego de burócratas encumbrados con buenas intenciones. Mediocres consuetudinarios y que no lo son más porque el teclado no tiene más letras ni el abecedario. Para compensar la falta de complejidad psicológica la música puede hacer lo que las palabras no pueden. Lo peor que le puede pasar a un poeta es. El poema abriéndose camino entre la complacencia oscura de los domeñados escritores y artistas inofensivos entre la belleza de los sitios del poder entre los coros lisonjeros de los festivales y las ferias donde la cultura es el abracadabra de los productos de moda de los estables de los modernos de los bellos de los condenados a la estética del giro al mismo lugar todos los cambios para que nada cambie. El eterno retorno de las metáforas de los talentos. Costales de qué recostado mamífero que se lleva la corriente. Pero toda vuelta se torna trabalenguas. Leguas irreales. Haz saber a la mafia de la infamia que la poesía no se confunde con la geopolítica. Cuando digo la lírica tiene escamas y la piel verde hablo también de un hangar desmantelado. La forma en que vas a pronunciar que eres el auténtico gusanito senpai por el cielo ilimitado por todo tú ilimitado. La muerte tiene ya un teléfono automático y un avión. La mano que firmó el papel derribó una ciudad. Toda la mitología de todas las culturas se construyó en oposición a ese principio cavernario: el más fuerte gana. Inútil para el servicio de las armas. Síntoma y no símbolo. El héroe atomizado en su mismo coto. Ser no académicos. Ser provincianos en Toluca. Ya no da vuelta en la curva fatal Leoncito. Ya no recibe la Presea “Sor Juana Inés de la Cruz” de 1984. Carecer inicialmente de vinculación orgánica al sistema cultural establecido. Por la escuela rota del final del mundo me entero de la enumeración de ___________ alados. Que tu contraseña es __________. Esas alarmas revientan cuando dices que tu corazón todavía canta cuando estás conmigo. Que los gatos son el nuevo arte infantil. La escuela como primera fábrica de sustantivos. Certezas. Herrajes. Amigxs & coleópteros en esta onda fría buitres hexágonos como esas canciones que citan libros de moda acuario venus marte venus andrómeda. Las réplicas de todo lo que a nuestra vista miente. Ojos postizos en la tercera guerra. Ya no escucho más esa música. Planetas acuáticos en la cuarta guerra. No. Esta melancolía. El tercer poeta provinciano que conocí fui yo mismo. Lo que escribió Ángel Ortuño en el Blues de la Pantera Rosa. Enumerar farallón volumen absoluto numen & neblí. Ser el fantasma de las distorsiones futuras. El recado punzante el día de la muerte de tu madre. Post invitado. Un mal día por Juan Sala de La Cometa Pensante. Extrañamiento al nacimiento hilado de un primate. Carroña. Halo de inmersión. La abeja momificada en la telaraña a las tantas de la intemperie. Extinción de los gatos negros. Y su cerebro vencido. Y yo esperando que el cardamomo se hunda en el costado amargo. Y sus ojos fuera del mundo mientras trata de saber dónde está. Cómo perdía su mano estigmatizada marcada en los peores días de la muerte. Tendremos funeral o será mi funeral hilado de un primate. Azrael. Luzbel. Raciel. Como cuando corría a su abuela con un encargo de nueces y comía todas las nueces. Cerebros de chorlitos. Tuvimos los ojos fuera del mundo y esas canciones en las que el cuerpo estalla. Sangre. Órbitas fuera. Azrael. Luzbel. Raciel. Luz negra. Halo de inmersión. Carroña. Mi orquídea casi muerta. Las flores cayendo. Las hojas como amputaciones. Colas de dinosaurios. Ninguna verdad. Aquí había un espejo. Los peores años de nuestras vidas. El ficus de ramas secas con un bisoñé de hojas de plástico. Tutorial Plataforma Trilce. Matrícula Virtual Trilce. Trilce Intranet. ¿Hay que ponerle grúas? Son las hijas del Grufeneso y la Grufenesa. Las grullas son grúas. En el original son cursivas. Grúas inmundas. Pelvis mal hechas. Después de esterilizarlo. Con los pulmones puestos para padecer el instinto. Campana de naufragio. Esto pasa en Dulce María. Placenta. Orden sin orden. Una modulación del lenguaje. Esto pasa desde 1986. A favor de la vejiga senil. Suspensión. Transformers de Coca-Cola. Trastorno. Trauma en el sentido de colisión. La piedad era un sentimiento ingénito y de orígenes sombríos. Dia D. Para el trasiego de la gracia nos volvimos oscuros. Nos volvimos acaparadores. Loros egoístas. La tierra entera no había sido desde el principio sino una inmensa cámara helada. Grandes tratos. Un refrigerador de dios. El empleado del mes. Donde todos morirían de asfixia y frío. Paquete de tinta de seguridad explosiva. Recuperar todo el espacio de mi reino. Joyas de la mafia. Rey expulsado, degradado, yo. El tráfico de la gracia en pleno uso de las facultades parcas de esta ciudad. Cuncita y máquina de vapor. Pero no es un exilio. Negocios de otro planeta. Rebota para tu ojo sindical de artista la belleza sindicalizada. Eres de aquí. Descree. La promesa de un ojo oculto. El príncipe empeñador. La tierra última de tu condición. Que no se guarde registro. Sayonara a las olas. En el 109. Casa negra. Baticinturón de 1966. Sputnik vencerá. Uno y lo mismo. Ser el energúmeno que apalea a los policías ciegos. En la inadaptada licenciada plusvalía esa admonición esa amalgama inferior pieza suelta. Anfisbenas. Si no te importa. Entre los anaqueles del efectismo para respirar con una nariz de cerdo. Una tupida locomotora al paso de nuestras cabezas. Hemorragias órficas, adiós. Salvo la normal cuota de insolvencias. La memoria es el alma misma. He aprendido esta cuenta atrás.
Sergio Ernesto Ríos (Toluca, 1981). Es director de Grafógrafxs, revista de literatura de la Universidad Autónoma del Estado de México. Publicó Larga oda a la salvación de Osvaldo (UANL, 2019), en coautoría con Minerva Reynosa; El ganador del primer premio del centro de estudios interplanetarios (Periferia de escribidores forasteros, 2019); máquina portadora de cabezas (edición digital, 2018); Quienquiera que seas (FOEM, 2015); Brazuca (Palacio de la fatalidad, 2015); Obras cumbres (Bongobooks, 2014); La czarigüeya escribe (Editorial Analfabeta, 2014), en coautoría con Diana Garza Islas; Muerte del dandysmo a quemarropa (UANL, 2012), y Mi nombre de guerra es Albión (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2010).
Tradujo del portugués copia_de_seguridad_3.1 (Grafógrafxs, 2021), de Érica Zíngano, Una confesión en la boca de la noche, de Danilo Bueno (Grafógrafxs, 2021); Boa sorte, 7 poetas brasileñas (Grafógrafxs, 2020); Bruno Brum a ritmo de aventura, de Bruno Brum (Palacio de la fatalidad, 2017); Droguería de éter y de sombra, de Luís Aranha (Palacio de la Fatalidad, 2014); Oda a Fernando Pessoa (Palacio de la Fatalidad, 2017), Paranoia (Palacio de la Fatalidad, 2013) y Voy a moler tu cerebro (Red de los poetas salvajes, 2010), de Roberto Piva; y la antología de poetas brasileños nacidos en los ochentas Escuela Brasileña de Antropofagia (Kodama Cartonera, 2011). Tradujo del inglés, con Diana Garza Islas, Una noche, senté a Donald J. Trump en mis rodillas/Y otras teorías estéticas del siglo XXI (Oficina Perambulante y Palacio de la Fatalidad, 2017), a partir de un ejercicio de Chris Rodley.
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